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ALMAS HOMOSEXUALES & ALMAS TRANSEXUALES

Los homosexuales y los transexuales son lo mismo en diferente grado

Dependiendo del tamaño de la brecha entre las parejas de cuerpos, físico-etérico y astral-mental, la persona puede ser transexual u homosexual.


Si la brecha es enorme, habrá una no aceptación del cuerpo físico por parte del alma. Si la brecha es superable, habrá una aceptación del cuerpo físico por parte del alma y, también dependiendo del tamaño de la brecha, la desarmonía entre las parejas de los cuerpos será más o menos visible.

Hay gays masculinos y lesbianas femeninas en los cuales la homosexualidad es casi imperceptible.

La brecha entre sus parejas de cuerpos es mínima.


Por otro lado, hay gays muy afeminados y lesbianas muy masculinas en los cuales la brecha entre las parejas de cuerpos es más evidente.


Por lo tanto, los homosexuales y los transexuales son lo mismo en diferente grado.


En los transexuales la brecha entre las parejas de cuerpos físico-etérico y astral–mental es tal que no consiguen construir “un puente” para unirlas. Ellos se sienten atrapados dentro del cuerpo físico.


Un alma transexual dentro de un cuerpo masculino dice: “Yo soy una mujer atrapada en cuerpo de hombre”.


Un transexual dentro de un cuerpo femenino dirá lo contrario.



El alma no tiene sexo, nadie de nosotros es hombre o mujer. Solamente los cuerpos físicos dependiendo de los genitales que tengan son hombres o mujeres, pero nosotros no, las almas no.


Por lo tanto, nadie puede ser un hombre o una mujer atrapad@ en un cuerpo que no le pertenece.

Más allá del cuerpo físico no existe el sexo.


Entonces, ¿de dónde viene ese convencimiento de “yo soy una mujer/un hombre atrapad@”? De muchas vidas pasadas en las que se ha desarrollado en exceso solo un principio del alma, dejando de lado el principio contrario y complementario.


Hay muchos más transexuales “atrapados” en cuerpos de hombres que en cuerpos de mujer, igual que hay muchos más gays que lesbianas. El motivo de eso es que el desarrollo del principio masculino es mucho más desagradable y penoso que el desarrollo del principio femenino.


Ya dijimos que el principio femenino consiste en buscar el placer y evitar lo desagradable. Trabajar en lo femenino es mucho muy placentero, ya que precisamente en eso consiste el principio femenino: en el placer.


El principio masculino consiste en desarrollar la mente a través del trabajo y la disciplina, aprendiendo a resistirse a lo femenino (astral).


Desarrollar el principio masculino significa dolor y sufrimiento.

Es lógico que haya muchas almas que se resistan a desarrollar ese principio.

En realidad se están resistiendo al dolor y al sufrimiento.

Es mucho más fácil y bonito dejarse llevar por el placer.


Aunque este sea el caso más frecuente, también hay almas que han pasado varias vidas desarrollando el principio masculino adquiriendo inteligencia y se niegan a abandonarla.

Desarrollar el principio masculino en realidad significa desarrollar la mente adquiriendo inteligencia.

El principio masculino es la inteligencia, el femenino (astral) la ignorancia.


Hay almas que después de varias vidas de sufrimiento desarrollando la mente, adquiriendo inteligencia, se niegan a volver a ser “tontas”. Esas almas se dicen a sí mismas algo así como: “Después de todo lo que he pasado para llegar hasta aquí, ahora voy a tener que volver a dejarme llevar por otros (principio femenino) como si fuera tonta. Me niego”.




Los padres de los niños transexuales, siempre desde el amor y dando ejemplo, les tendrían que enseñar a sus hijos que ellos no son ni niños ni niñas.


Hay que enseñarles que da igual qué genitales tenemos, ya que todos somos mujeres y hombres, y femeninos y masculinos.


Dependiendo de lo grande que sea el niño o la niña, se le podría decir algo así como:“Mamá tiene vagina, pero eso no significa que mamá sea una mujer. Mamá se puede enfadar y gritar igual que papá. Cuando mamá se enfada y grita, mamá es un hombre”. La agresividad es el principio masculino.


Pero lo más importante de todo es que los padres den ejemplo. De nada sirve decirles a los niños que los genitales no significan nada y que el cuerpo físico no tiene ninguna importancia si luego los padres no les enseñan con su ejemplo que eso es así realmente.


Si a los niños se les dice: “Los genitales no tienen ninguna importancia”, en primer lugar habrá que enseñarles que son los genitales para que sepan de que se les está hablando. Si nuestras palabras y nuestros actos se contradicen, los niños no son tontos, se darán cuenta de que les estamos mintiendo.

Si les decimos que “esas cositas que tiene la gente entre las piernas” no tienen ninguna importancia, los niños se preguntarán: “¿Y por qué esconden esas “cositas” si no tienen importancia? ¿Por qué se avergüenzan de ellas?”


No podemos avergonzarnos de algo que no tiene importancia. Si algo no tiene importancia, ni nos enteramos de que está ahí. Nos avergonzamos solamente de cosas que consideramos importantes.


Por muy increíble que parezca, a estas alturas de desarrollo humano, los genitales todavía siguen siendo algo importantísimo y complicado para la humanidad...

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